8 de diciembre de 2023

Cada 21 de septiembre se conmemora el día internacional de la paz.

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“Sin la verdad, sin sanar la memoria no se alcanza la paz”

Al paso del tiempo hay una lucha que no cesa, hay un anhelo que sigue en la ensoñación de quienes viven el norte del Cauca, una memoria que aún no sana sus pérdidas, que su arraigo de resistencia la ha enfrentado al estado como institución por 530 años, y que los últimos 62 años sufrió los embates de quienes decía haber llegado para cuidar al pueblo, pero ese pueblo seguía siendo externo, o al menos la idea de quienes lo proclaman.

En estos últimos 53 años de lucha se ha derramado la sangre y esparcido los sueños y las lágrimas de un pueblo que se ha resistido a desaparecer. Hoy justo cuando se celebra el día internacional de la paz, la pregunta que deja anonadado a una niña de la guardia, mientras sus compañeras responden, “es vivir en armonía” “estar tranquilas” “poder recorrer el territorio” “estar seguras” a esa pregunta repetitiva de quienes hace trece años, cuando se empezó hacer los acercamientos de paz nos preguntamos, ¿cuál es la paz que se negociará? pregunta que hasta el día de hoy no tiene respuesta, aún no hay un camino que transitar tranquilo, no hay un rinconcito seguro para las nasas, por eso luego de siete años después de un acuerdo de paz, siguen empuñando sus bastones y juntándose para pervivir, porque se vuelve sobre el tiempo, sobre más años de los que el conflicto social y político del estado moderno colombiano tiene, porque así es la memoria del Nasa, porque así se ha tejido la resistencia de este pueblo y hoy se cuchichea entre documentos y renglones que esto hay que hablarlo con cuidado, que esto hay que tratarlo con malicia, hay temor, hay miedos, pero no de esos que nos esconden, sino de ese que aviva el sentir la malicia. Hoy después de 7 años estamos aquí reclamando aun por esa memoria que se niega a morir, que para el responsable no es verdad, porque lo es, y es profunda, hoy esa memoria reclama ser oída, reconocida y aceptada, pero quienes tienen la tarea aún temen a la sombra del conflicto que por 62 años ha exterminado la memoria, el saber y las semillas de este pueblo.

Hoy recordamos frases y preguntas de hace tiempo, como diría un mayor, cosas de antier, recordamos que la paz no es “el silencio de los fusiles” como lo diría Alan Jara, parafraseando a Spinoza y lo retrataba Natalia Orozco, la paz es la verdad para armonizar los espíritus y los seres que se han ido en manos de la guerra, la verdad que se reclama para ir “CONOCIENDO PARA EQUILIBRAR LA VIDA Y SANAR A UMA KIWE” Como lo ha planteado el Movimiento Indígena en el Norte del Cauca.

La verdad, tras la que han caminado las mujeres, la guardia y los sabedores espirituales del territorio en busca de justicia, para que reconozcan las pérdidas de las semillas, los dolores de la memoria, y se responsabilice los culpables, verdad que hoy a paso lento y temeroso se teje angustiosa, tras la institución incapaz de garantizar siquiera el bienestar de quienes reclaman la verdad.
Hoy tras todo un marco normativo complejo y en una crisis humanitaria en el norte del Cauca se miran los primeros pinitos de esa verdad, que se espera florezca y se camina sobre la apertura de lo que la justicia especial para la paz ha señalado como caso 05, un logro del esfuerzo y perseverancia de la comunidad Nasa, del Tejido Mujer, el Tejido de Defensa de la Vida y los Derechos Humanos y el Tejido de Justicia y Armonía, que surge a partir del informe “Conociendo para equilibrar la vida y sanar a Uma Kiwe (Madre Tierra), Territorio Ancestral Cxhab Wala Kiwe, presentado 14 de febrero de 2022, como anexo del primer informe de afectaciones a la vida en el marco del conflicto armado “el pasado, la guerra, la esperanza, el buen vivir” presentado por el CRIC, ante la Jurisdicción Especial para la Paz el 22 de noviembre de 2018, que busca la verdad del pueblo Nasa, como la de las miles de víctimas que ha traído consigo el conflicto armado y las innumerables afectaciones al territorio, el desplazamiento forzado, reclutamiento, homicidios y violaciones que fueron constantes en las comunidades indígenas del Norte del Cauca como resultado del conflicto armado, ademas de buscar y conocer las afectaciones que sufrió la Mujer, la guardia indígena y la justicia propia de las comunidades indígenas, como el papel de las mujeres en la guerra, el reclutamiento de niños, el señalamiento, persecución y asesinato de los saberes ancestrales que fue indistinto a los actores armados, como hechos victimizantes que afectaron diferencial y colectivamente en el territorio Cxhab Wala Kiwe.
Por eso evocamos la época de la colonización, la invasión, la persecución y el genocidio histórico que ha padecido y que padecen los pueblos indígenas hasta la actualidad, ya que particularmente los pueblos indígenas han padecido diversas modalidades de violencia, modalidades que a lo largo de la historia han traído consigo el despojo de los territorios, el menoscabo de la cultura, la discriminación y un exterminio considerable de los pueblos y comunidades indígenas que habitan en el territorio.

En el auge de los acuerdos y las negociaciones, se nos reclamó tener la capacidad de escuchar, de escuchar así no estuviésemos de acuerdo con las negociaciones y con lo planteado, ya que los actores en conflicto lo habían hecho y era momento de que lo hiciéramos nosotros, que se hiciera como sociedad civil, pero jamás se preguntó ni siquiera se hizo mención de las violencias diferenciales de las persecuciones y del exterminio al que habían sido sometidos los pueblos durante más de 52 años de conflicto, es por eso que el movimiento indígena se ha dado a la tarea de perseguir la verdad incluso a costa de la vida de aquellos que la buscan, con la amenaza latente de que a los dueños del poder la verdad les incomoda y si la verdad les incomoda, hay que quitar del paso a quienes a diario preguntan por ella.

Hoy es necesaria la verdad, una verdad que nos permita reconocer las afectaciones colectivas, las desarmonías al territorio, y la afectaciones victimizantes sobre el movimiento indígena, individuales y colectivas, una verdad que nos permita despedirnos de nuestros seres queridos en su forzado viaje hacia el mundo espiritual y sanar nuestros territorios, que nos permita sanar, sanar las memorias y el camino de quienes se fueron y recordarlos por sus luchas y por sus enseñanzas, sabiendo que se alcanzó la justicia por las afectaciones que sufrieron.
Las comunidades del Norte del Cauca, no solo resistieron al paso del conflicto, sino que debieron asumir los costos de la guerra y las consecuencias históricas sociales y políticas que dieron lugar a la beligerancia armada, que socavan la dignidad la cultura y los principios ancestrales del pueblo Nasa, quienes en actos de digna rebeldía y a través de la fuerza física y espiritual han planteado diálogos de unidad que les permita la juntanza a través de la palabra como expresión política. Sin embargo, la violencia derivada del conflicto se mantiene hoy en el norte del Cauca, tras la implementación del acuerdo de paz entre el gobierno nacional y las FARC – EP, como lo demuestran los hechos del día miércoles 20 de septiembre de 2023, en los que se afectó a la comunidad de Timba Cauca, municipio de Buenos Aires, con actos de violencia indiscriminada causando un dolor inmenso que nuevamente dejan heridas abiertas que tardaran en sanar, ya que la firma del acuerdo representó la fragmentación en el control de los dueños del poder, haciendo que nuevamente el territorio a cuenta de la agudización del conflicto quede bajo hechos que dan cuenta de la violencia que actualmente padece la comunidad del territorio Cxhab Wala Kiwe y sus estructuras de gobierno propio.

Hoy en la lucha por el reconocimiento, se acepta que si hay responsables, se establecen fechas y lugares que la autoridad y las víctimas pregunten, palabras a oídos sordos, pues quiénes han sido llamados para asumir la verdad como responsabilidad de las acciones del Estado, como de las FARC-EP, se esconden en los muertos, no aceptan y se niegan, no hay verdad, no hay voluntad de verdad, no hay deseo de reconciliación, pues quienes reclaman esa verdad la hacen en silencio, anónimas y sin esperanza de respuesta, las autoridades asumen los costos y la responsabilidad de buscar a quienes el conflicto se tragó.

En conclusión, la paz es conocer para sanar, sanar para vivir en armonía, para estar tranquilas al recorrer el territorio como espacio seguro para la vida, es poder preguntar sin miedo y saber que hay responsables a tantos dolores, la paz es la verdad que nos permita alcanzar el perdón, es sanar las memorias y los espacios del territorio, es la sutil esperanza de que no se vuelva a repetir tanto dolor o mejor dicho la esperanza a que tanta guerra y dolor termine.

Por: Tejido de comunicación

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