El reclutamiento forzado sigue arrebatando la niñez y juventud indígena en el norte del Cauca
El reclutamiento forzado sigue arrebatando la niñez y juventud indígena en el norte del Cauca
El reclutamiento forzado de niños, niñas, adolescentes y jóvenes indígenas continúa siendo una de las desarmonías territoriales más graves que enfrentan las comunidades del norte del Cauca. Entre 2019 y 2025, esta práctica ha dejado dolor, miedo y rupturas en las familias y en los territorios, pese al rechazo permanente de las autoridades y organizaciones indígenas, que reiteran que ningún menor de edad ni ninguna persona del territorio debe hacer parte de grupos armados.

Las comunidades son claras en señalar que no se trata de decisiones voluntarias. Aunque los grupos armados ilegales afirman que los menores “se van por voluntad propia”, las autoridades indígenas insisten en que, al tratarse de niños y niñas, se configura un reclutamiento forzado. Para los pueblos indígenas, esta práctica no solo vulnera derechos fundamentales, sino que rompe el equilibrio comunitario y el proceso natural de formación de la niñez.
Una situación que se agudizó con la pandemia
En los últimos seis años, el reclutamiento ha tenido uno de sus momentos más críticos. Los años 2021 y 2022 registran los índices más altos, una situación que se relaciona directamente con las consecuencias de la pandemia. En 2020, el cierre de escuelas dejó a muchos niños y niñas solos en sus casas, mientras madres y padres salían a trabajar para sostener a sus familias. Esta ausencia del sistema educativo fue aprovechada por los grupos armados para acercarse a los menores.
Cuando las clases se retomaron parcialmente en 2021, se evidenció una fuerte deserción escolar. Al mismo tiempo, aumentó el número de niños y niñas reclutados. En los años 2019, 2023, 2024 y lo que va de 2025, los registros muestran una aparente disminución, pero las comunidades aclaran que esto no significa que el problema haya cesado. La reducción en las cifras responde, en gran medida, al miedo de las familias a denunciar.
El silencio impuesto por las amenazas
Muchas familias han recibido amenazas para que no informen lo ocurrido con sus hijos e hijas. El temor es tan fuerte que, en varios casos, no se pueden registrar nombres ni completar las estadísticas. Madres y padres prohíben denunciar por miedo a represalias, aunque las comunidades continúan acompañando estos casos de manera silenciosa, protegiendo la vida de quienes quedan.
Cifras que evidencian la gravedad
Solo en 2025 se reportan 151 niños, niñas y adolescentes reclutados: 72 niñas y 79 niños. Entre 2019 y 2025, el sistema de monitoreo MADEJA registra un total de 1.066 menores indígenas nasa afectados por el reclutamiento forzado, lo que equivale a un menor reclutado cada dos días.
Cifras por año:

Estas cifras muestran además un cambio alarmante. Antes, las niñas eran llevadas principalmente para labores internas como cocina o ranchería y sufrían abusos sexuales. Hoy, también están siendo llevadas directamente a la guerra, sin ninguna distinción.
Estrategias de reclutamiento identificadas
Las comunidades han identificado múltiples estrategias utilizadas por los grupos armados para atraer a niños, niñas y jóvenes:
Instituciones educativas: actualmente, el reclutamiento se concentra en colegios. Algunos estudiantes ya vinculados a los grupos armados se encargan de convencer a otros menores, aprovechando los trayectos largos hacia las escuelas y las relaciones cotidianas.
Redes sociales: plataformas como TikTok, Instagram y Facebook son usadas para difundir videos, himnos, imágenes de armas, dinero y vehículos, con el fin de seducir y enganchar a la población joven.
Enamoramiento y seducción: se presentan regalos, promesas de “aventura” o “libertad”, dinero y demostraciones de poder, especialmente durante fiestas, eventos deportivos y encuentros cercanos a los colegios.
Salud y estética: se han documentado casos de reclutamiento mediante promesas de ortodoncia, tratamientos capilares, arreglo de cejas, uñas y otros cuidados estéticos.
Familiaridad: el reclutamiento se facilita cuando existen vínculos familiares o cercanos con integrantes de los grupos armados.

Impacto profundo en la vida del pueblo nasa
Para el pueblo nasa, el reclutamiento forzado representa una desarmonía territorial profunda. Las mujeres nasa recuerdan que los niños y niñas pertenecen a la naturaleza: al nacer, sus ombligos son sembrados en la madre tierra, creando una conexión permanente. Arrebatar a un menor de su territorio significa romper ese proceso natural de formación, cultivo y aporte a la comunidad.
El reclutamiento ha impactado directamente a la nasa nwe’sx, la familia, generando culpas, fracturas y divisiones que impiden el Pi’txnxi nasa, el acompañarse y estar juntos como comunidad. Esto debilita la asamblea, la autoridad ancestral, el proceso organizativo y la pervivencia cultural.
También se ha evidenciado un impacto diferencial:
En las niñas, el reclutamiento deja miedos profundos, silencios, rabia y afectaciones emocionales que perduran toda la vida, además de violencias sexuales y control sobre sus cuerpos.
En niños, niñas y jóvenes con dones espirituales, estos saberes son manipulados para afectar a su propio pueblo, debilitando la armonía familiar y comunitaria.
En la salud mental, se registran problemas de sueño, atención, angustia, ideación suicida y afectaciones al proyecto de vida.
En la madre tierra, la falta de rituales de siembra y despedida de los cuerpos asesinados en la guerra genera desarmonías que enferman la montaña y los páramos.

Una amenaza a la autonomía y al futuro
Las comunidades consideran que la escala del reclutamiento responde también a una intención de debilitar la autonomía territorial y el gobierno propio alcanzado por el pueblo nasa. Al llevarse a las semillas del territorio, se busca poner a los propios jóvenes en contra de sus autoridades, su organización y su proyecto político.
El reclutamiento forzado no solo rompe familias: pone en riesgo la continuidad de los planes de vida y la existencia misma del pueblo nasa. Por eso, las comunidades indígenas del norte del Cauca reiteran el llamado urgente a unir esfuerzos y construir estrategias colectivas para proteger la vida, la niñez y la juventud, y evitar que esta desarmonía siga arrebatando el futuro de los territorios.
En el siguinete QR encuentras el informe completo de desarmnias del Tejido de defensa de la vida y los derechos humanos ACIN 2025
