El viento sabio del mayor Marcos Yule Yatacue
El territorio de Toribio, en el norte del Cauca despide al mayor Marcos Yule Yatacue, un caminante de la palabra que dedicó su vida al servicio comunitario, enraizar el pensamiento y sembrar su conocimiento como Nasa. Su cuerpo ha regresado al seno de la madre tierra en la vereda El Sesteadero, donde nació, creció y compartió junto a su familia. Pero su espíritu transcendió al otro espacio: ahora es viento que recorre los territorios con su sabiduría, estará en los sueños, mingas comunitarias y seguirá orientando el caminar del pueblo Nasa.

El mayor Marcos fue ejemplo de vida comunitaria. Su palabra y su acción estuvieron siempre al servicio del proceso organizativo y de la educación propia del pueblo Nasa. Fue autoridad, orientador, escritor, pedagogo y compañero incansable en la búsqueda del conocimiento. Su forma de enseñar no se limitó a los libros, sino que se expresó en la práctica diaria, en su familia, en la escuela, en las mingas y en cada encuentro con su palabra tejía comunidad.
En su caminar dejó huellas. Fue uno de los impulsores de los Wasakwe’sx, espacios de lengua y cultura que fortalecen la identidad Nasa desde la niñez. Junto a su compañera de vida, doña Carmen, sembró la educación propia como una práctica que hay vivenciarla, que se aprende haciendo y se comparte sirviendo. En sus escritos, como “El Taw Nasa” y “La metamorfosis de la vida”, dejó reflejada la fuerza espiritual de su pensamiento, pero su mayor obra fue la enseñanza cotidiana, esa que germina en quienes lo escucharon y lo acompañaron en su camino.


Durante los últimos meses, el mayor enfrentó una enfermedad que lo fue debilitando lentamente. Aun así, la comunidad estuvo atenta, acompañando con cariño y respeto. Su partida deja tristeza, pero también gratitud por su vida de servicio y por el ejemplo que deja a las nuevas generaciones.
El territorio lo recibió nuevamente, en el mismo lugar donde brotó su raíz. Su cuerpo regresó al seno de la madre tierra que lo vio nacer, y su espíritu se expande como el viento que recorrerá las montañas, los ríos y las mingas, recordándonos que su palabra sigue viva en cada paso que demos como pueblo Nasa.

Su despedida coincide con la concentración de los 32 años del CECID donde la comunidad se reunión para reflexiona la educación propia, la cultura y la defensa del territorio. En medio de los desafíos que enfrenta la comunidad, su legado se levanta como guía que orienta el camino. Hoy más que nunca, es deber de las comunidades continuar con la enseñanza del mayor, fortalecer la raíz, cuidar la palabra y mantener el Camino que él ayudó a construir.

El mayor Marcos Yule Yatacue no se ha ido. Su sabiduría sigue floreciendo en los corazones, en las aulas comunitarias, en los fogones y en las mingas. Que su ejemplo siga siendo camino, y que su espíritu, hecho viento, siga orientando a las generaciones que vienen.