Guardia indígena y cimarrona se suman en las operaciones de rescate de siete mineros en el norte del Cauca.
En el municipio de Santander de Quilichao, norte del Cauca, las comunidades indígenas y afrodescendientes enfrentan una difícil situación por el derrumbe en una excavación no formal de oro, en el punto Brasilia, vereda San José, ocurrido el jueves 11 de septiembre de 2025, donde permanecen atrapadas siete personas desde hace más de 60 horas. Entre ellas, cuatro vivían en el consejo comunitario y también pertenecían al territorio indígena de Guadualito, comunidades vecinas que hoy comparten el mismo dolor. Las otras víctimas serían de nacionalidad venezolana.

Desde el primer momento, la Guardia Cimarrona del consejo comunitario zanjón del garrapatero y la Guardia Indígena del territorio del Guadualito, asumieron un trabajo conjunto para el control, la ayuda humanitaria y el acompañamiento a las familias. Han estado presentes en el sitio orientando la logística, apoyando el ingreso de las máquinas y dando respaldo emocional y psicosocial a las familias de quienes son las afectadas por esta tragedia. Actualmente, más de siete máquinas están apoyando las labores de búsqueda y rescate, en medio de la tensión y la esperanza de poder encontrarlos. En el sitio también han hecho presencia entidades institucionales como la Defensa Civil, la Cruz Roja, entre otras.
La comunidad no ha dejado solos a los afectados. Mujeres, jóvenes y mayores se han organizado en mingas de acompañamiento, preparando alimentos en ollas comunitarias, llevando agua y velando por quienes están colaborando en este rescate. La solidaridad se ha convertido en la fuerza que mantiene viva la esperanza de poder encontrarlos. Las familias también pidieron no revelar la identidad de las personas atrapadas hasta que se finalice la búsqueda, pero con el paso del tiempo la preocupación aumenta.

Esta tragedia abre también una reflexión de fondo, ya que no es la primera vez que en esta zona se presentan emergencias similares. La falta de oportunidades, el abandono estatal y la ausencia de proyectos de vida digna han llevado a muchas familias a recurrir a la minería, una práctica riesgosa que pone en peligro la vida. A esto se suma el impacto ambiental que deja esta actividad sobre los ríos, la tierra y los ecosistemas de los que dependen las mismas comunidades.
El dolor de esta emergencia afecta directamente a las familias de las víctimas y también golpea a todo un territorio que hoy se abraza en medio de la tragedia. Desde la unión entre comunidades indígenas, afrodescendientes y campesinos se resalta que solo el trabajo comunitario, la organización y el apoyo mutuo permiten reflexionar sobre lo que sucede dentro de los territorios.


La búsqueda continúa sin descanso. El territorio espera que los cuerpos sean encontrados y entregados a sus familias, mientras la palabra colectiva insiste en que estas tragedias no deben repetirse.