Juntanzas y luchas de las mujeres Nasa, en el Norte del Cauca
La lucha de las mujeres indígenas en el Norte del Cauca es una “sumatoria, una juntanza” de luchas y procesos. Un encuentro y desencuentro que busca desarraigar las violencias hacia la mujer indígena, hacia la mujer Nasa. Para estas mujeres que traen la memoria de su pueblo en la palabra y el tejido, encontrarse hace parte de reconocer el territorio y reconocer las desarmonías que lo afectan.

Así este encuentro que culminó el pasado 25 de noviembre en El Naranjo, territorio de San Francisco convoco al Tejido mujer de la Cxhab Wala Kiwe a una conversa que hizo un recuento del camino que ha sido la lucha de las mujeres históricamente, esa lucha que genera espacios de incidencia política, frente a un contexto cultural que presenta rupturas fuertes y profundas, ante las que las mujeres han construido un camino para trasformar la realidad que habitan los territorios, encuentros que han ido de sur a norte y de oriente a occidente, encuentros que para esta ocasión convocaron a las compañeras Kamëntsá del putumayo, quienes compartieron la palabra y la fuerza de la lucha a través de la medicina. Convoco a compañeras de Miranda, que pese a las adversidades del camino llegaron hasta El Naranjo, a las compañeras de Tacueyó y Toribio, que se encontraron el 23 en Santo Domingo, un paraíso escondido en la cordillera y que nos recuerda las luchas pasadas, y el 24 en el Tablazo, para tejer la palabra.
No solo entre mujeres, la conversa también va de la mano con la comunidad y los actores públicos y organizativos que hoy tejen una apuesta política para fortalecer la lucha de las mujeres, para que esto no sea una apuesta y una lucha, sino un sueño cumplido, un propósito logrado, un reconocimiento real y palpable en el que las mujeres sean tratadas con respeto, igualdad y equidad en todos y cada uno de los escenarios posibles de participación.





El 25 de noviembre se conmemora el Día Internacional para la Eliminación de las Violencias contra las Mujeres, una fecha que resalta la lucha histórica por los derechos de las mujeres y el fin de todo tipo de violencia hacia ellas. Este día, que no es una celebración sino un acto de memoria, tiene su origen en el trágico asesinato de las hermanas Mirabal, Patria, Minerva y María Teresa, ocurrido en 1960 bajo el régimen dictatorial de Leónidas Trujillo en República Dominicana. Ellas, conocidas como “Las Mariposas”, se convirtieron en símbolo de resistencia y de las luchas de las mujeres. Para llegar a esta juntanza, las mujeres indígenas del Cauca y allegadas no solo han transitado las luchas feministas; también han transitado una lucha más profunda, arraigada en la exclusión que como pueblos han sufrido, una exclusión que enfrentan por ser mujeres, y que se profundiza al ser mujeres indígenas, negras o campesinas.






Dolly Enríquez, indígena yanacona, que ha transitado el Norte del Cauca de la mano de las luchas de las mujeres, señala en sus reflexiones y tejiendo la palabra a través de la radio, que este camino es de largo aliento y para ella es crucial cada encuentro, ya que sus primeras puntadas la llevaron a caminar de la mano con las mujeres que se encontrarían en 1981, durante el Primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, realizado en Bogotá.
“Y yo soy tan feliz porque durante todo este camino, durante 25 años, en organizaciones como la Ruta Pacífica de las Mujeres por la Solución Política y Negociada de los Conflictos, la Unión de Ciudadanas de Colombia, que es la protagonista, que en 1954 lucharon para que hoy las mujeres podamos votar, elegir y ser elegidas”. Y ahora con Taller Abierto que tenemos aquí en la radio, tenemos espacios. Hemos venido sumando. Y qué bien, por el Norte del Cauca somos indígenas, pero también somos mujeres y hacemos parte de todo ese conglomerado porque somos el 52% de la sociedad colombiana.”






Un hito que marcaría su andar como mujer luchadora, ya que, durante esa ocasión, se oficializó esta fecha como un llamado global para visibilizar las múltiples violencias que enfrentan las mujeres y la necesidad de erradicarlas. Desde entonces, ha caminado de la mano con movimientos feministas, organizaciones y lideresas, que han trabajado incansablemente para que esta conmemoración sea un recordatorio de las luchas pasadas y un compromiso con los presentes.
“Son sumatorias, desde todos los espacios, desde todos los pensamientos y sentimientos de las mujeres, las mujeres políticas, las mujeres ambientalistas, las mujeres comunicadoras, las mujeres que aportan desde campo, las mujeres rurales, las mujeres indígenas, las mujeres de medicina, son toda una sumatoria, un conglomerado que se unen para apreciar ese trabajo que se ha hecho, esa lucha, y sobre todo ese querer una sociedad más justa y equitativa con las mujeres, porque desde siempre la cultura patriarcal y machista ha minimizado a las mujeres”.
En este contexto, mujeres como Dolly han jugado un papel crucial al promover la incidencia política y social desde diversos espacios, como las radios comunitarias y las organizaciones feministas. Dolly destaca cómo las mujeres, a lo largo de la historia, han enfrentado y superado retos, y recuerda que estos procesos han tenido etapas y que cada una de ellas representa un logro global para las mujeres, desde las sufragistas que lucharon por el derecho al voto, hasta las lideresas indígenas, afrodescendientes y rurales que exigen reconocimiento en una sociedad marcada por estructuras patriarcales y discriminatorias.



La participación política de las mujeres, especialmente de aquellas provenientes de comunidades indígenas y afrodescendientes, sigue siendo un desafío importante. Aunque estas mujeres han acumulado experiencia y formación, muchas veces enfrentan barreras estructurales y culturales que les impiden ocupar espacios de toma de decisiones. Sin embargo, como lo señala Dolly, el empoderamiento colectivo, el fortalecimiento de redes de apoyo y la visibilización de estas luchas son claves para avanzar hacia una sociedad más equitativa.


Dolly enfatiza la importancia de romper el silencio frente a cualquier tipo de violencia y anima a las mujeres a construir redes solidarias que les permitan denunciar y superar estas situaciones. Además, resalta el papel de las mujeres como agentes de cambio no solo en el ámbito político, sino también en el tejido social y cultural de sus comunidades.
“Mujeres no permitan ninguna violencia porque existen muchas violencias, la física, la verbal, la psicológica, la patrimonial; ninguna de esas violencias es permitida. No debe ser permitida”. El mensaje que teje en cada uno de los escenarios es claro: no se debe tolerar ninguna forma de violencia contra las mujeres. Es un llamado a continuar tejiendo luchas, construyendo caminos de equidad y exigiendo que la palabra, las acciones y los compromisos adquiridos por la sociedad en pro de los derechos de las mujeres se cumplan. Porque, como afirma Dolly, “sin los derechos de las mujeres, no hay derechos humanos”.