29 de febrero de 2024

La búsqueda de paz y la justicia en medio del conflicto armado: 4 años de la masacre de La Luz.

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En los últimos años, se han realizado esfuerzos significativos para avanzar hacia una paz sostenible en la región, pero los desafíos persisten, dejado una huella profunda y afectando la vida de sus habitantes, generando desafíos significativos en términos de paz y reconciliación. sin embargo, las comunidades indígenas han desempeñado un papel central en la resistencia y en la búsqueda de soluciones, destacando la importancia de su lucha por la justicia y la defensa de sus derechos en medio de circunstancias extremadamente difíciles, como las del mes de octubre del 2019, la cual se sumaría a las muchas memorias de dolor y desarmonía que tiene el territorio.

El 29 de octubre de 2019 alrededor de las 3:30 pm, la vereda La Luz ubicada en el territorio ancestral de Tacueyó, se sumaría a la larga lista en la historia de violencia en Colombia, reafirmando como persiste el conflicto armado en las comunidades de la zona norte del Cauca, aquel día, marcaria para la comunidades del norte del Cauca una etapa más en el conflicto social y armado, con una profunda ruptura para  la guardia indígena, autoridades, familias y comunidad, con el asesinato de José Gerardo Soto, Asdrúval Cayapú, Eliodoro Inscué, James Wilfredo Soto y Cristina Bautista Taquinás, los disparos que dejaron un sonido ensordecedor, se mezclaron entre los gritos de quienes buscaban refugio mientras se aferraban con fuerza sus bastones de mando, sembrado la esperanza que hoy acompaña a el movimiento indígena.

las palabras de Cristina, unas semanas atrás serian el lema que entonarían las mujeres, los jóvenes y la guardia, palabras que siembran esperanza y dan fuerza a sus corazones, “Si nos quedamos callados nos matan y si hablamos también. Entonces… Hablamos ” palabras que han guiado el caminar de las comunidades frente a las adversidades del conflicto, palabras que ya van germinando en el jardín de la esperanza, aunque para los dueños del poder y señores de la guerra, a quienes los pueblos indígenas les estorban, solo seamos cifras.

Según la ONU en el año 2019 se registraron 36 masacres en Colombia, la masacre que se perpetro en la vereda de La Luz, se convirtió en un número más en las estadísticas de violencia en Colombia, del mismo modo, las personas que perdieron su vida en el hecho y sus familias que fueron añadidas a las cifras de víctimas en el país.

Las cifras a causa del conflicto continuaron desencadenándose en el país, sin embargo, detrás de cada cifra en las estadísticas de violencia y víctimas, se esconde un profundo sufrimiento individual, familiar y comunitaria, es que el sentimiento destroza porque la vida no puede ser reducida a simples números. el dolor de las familias no se aplaca ni encuentra consuelo en homenajes ni en indemnizaciones gubernamentales, lo que hace falta es un acompañamiento real y no debe limitarse a los primeros días o meses de la tragedia, sino extenderse a lo largo de los años, siempre que sea necesario, para que no se sientan solas ni mucho menos olvidadas las familias.

Ante el olvido que hay y la indiferencia hacia las comunidades nasa del norte del Cauca y sus hijos perdidos en la guerra sin cuartel que afecta el territorio, es necesaria  una  respuesta a esta crisis, que cuide de quienes  son un testimonio de la resiliencia y la lucha por la justicia de las comunidades, a pesar de las adversidades, estas comunidades continúan luchando por su autodeterminación, la preservación de su cultura y la construcción de un futuro más pacífico y justo, en el que las experiencias del norte del Cauca demuestran el papel vital que desempeñan las comunidades indígenas en la búsqueda de la paz y la justicia en medio del conflicto armado.

Por: Tejido de Comunicaciones

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