Sexta Minga Kwëeta Kuvx Tukasawe’sx flautas y tambores en el territorio de Jambalo.
La flauta y el tambor volvieron a sonar en el territorio Nasa del norte del Cauca. Del 1 al 3 de septiembre de 2026, más de 3.000 personas se encontraron en el territorio de Jambaló para vivir la sexta edición de la Minga de Flautas y Tambores, Kwëeta Kuvx Tukasawe’sx, un espacio que se realiza cada año para compartir y vivenciar la música autóctona y tradicional del pueblo Nasa.

Niñas, niños, jóvenes, mayores, mayoras y comunidades de diferentes territorios llegaron con sus músicas, danzas, tejidos, juegos ancestrales, teatro y otros saberes. Cada delegación llevó algo para compartir y, a la vez, llegó para encontrarse con otros territorios y aprender desde lo propio.
Jambaló recibió esta sexta Minga desde el trabajo comunitario. Las comunidades se organizaron para preparar los espacios de alojamiento, alimentación, encuentro y recibimiento, mientras la Kiwe Thegna acompañó el cuidado del territorio.
La flauta y el tambor, un camino que se sigue caminando
El espacio central de esta Minga es la música propia. La flauta, el tambor y la charrasca hacen parte de la vida del pueblo Nasa y están presentes en las danzas, los encuentros comunitarios, la espiritualidad y las formas propias de relacionarse con el territorio.
En Jambaló, los mayores de Paletón son un referente de la música propia del pueblo Nasa del norte del Cauca. Su participación permitió compartir con las nuevas generaciones los sonidos y conocimientos que han recibido de quienes caminaron antes.


Para los mayores, estos saberes no se quedan en tocar un instrumento. Detrás de la flauta y el tambor existe una historia, una relación con la naturaleza y una forma de expresar el sentir de la comunidad. Por eso, uno de los retos que deja este encuentro es el relevo generacional. La pregunta es quién continuará este camino cuando los mayores ya no estén. Allí las semillas y las juventudes tienen una responsabilidad: acercarse a estos saberes, aprenderlos y llevarlos nuevamente a sus comunidades.
Seis años caminando por los territorios
Kwëeta Kuvx Tukasawe’sx se ha venido realizando una vez al año y cada edición ha permitido que la Minga llegue a un territorio diferente, encontrando a las comunidades alrededor de la música propia y otros saberes.
La primera Minga se realizó en Toez Caloto; la segunda en Muchique, del Plan de Vida Yu’luçx; la tercera en Yat Wala santander de Quilichao; la cuarta en López Adentro; la quinta en sanfransisco, del Plan de Vida Proyecto Nasa, y la sexta llegó al Plan de Vida Proyecto Global, en Jambaló.
Este recorrido ha permitido que las flautas, los tambores, las danzas y otros saberes se encuentren entre comunidades y semillas. Pero este camino no es solamente cultural. Desde los mandatos comunitarios, el arte hace parte de la vida política y organizativa de Çxhab Wala Kiwe. La música, la danza, el teatro y las demás expresiones propias aportan a la formación de las semillas, al encuentro entre territorios y a la construcción de caminos para cuidar la vida.


Por eso, la Minga de flautas y tambores se entiende como un compromiso político, pedagógico y administrativo. El reto es que estos espacios respondan a los mandatos de los congresos y a las necesidades de los territorios, dando lugar a las semillas, las juventudes y las mujeres dentro de la organización.
Las semillas aprenden desde lo propio
Durante los tres días, las niñas, niños y jóvenes participaron en juegos ancestrales, música, danza y diferentes espacios de aprendizaje. Allí pudieron acercarse a los instrumentos propios, compartir con los mayores y conocer otros saberes de los territorios. El proceso de Semillas de Vida del Plan de Vida Proyecto Global compartió propuestas para despertar los dones y habilidades de las nuevas generaciones. Se encontraron saberes relacionados con los tintes naturales, los tejidos, la alfarería y la elaboración de flautas y tambores.


El ju’gthë’we’sx Pthüusenxi estuvo presente en rondas, saludos y canciones. Una de las propuestas compartidas fue un material pedagógico en el que un conejo habla en lengua propia, que tuvo buena acogida entre las niñas y los niños. Estos espacios recuerdan que la educación no está solamente en la escuela. Los mayores, las familias, las comunidades, los juegos, la música y los espacios propios son lugares donde las semillas aprenden para la vida.
En medio de las situaciones que viven los territorios y de los riesgos que enfrentan las juventudes por la presencia de grupos armados, el arte puede abrir otros caminos. Acompañar sus dones, capacidades y formas de expresión hace parte de la responsabilidad de las familias, las comunidades y la organización.
Un encuentro entre pueblos

La sexta Minga reunió diferentes pueblos y procesos. Desde Timbiquí llegó la Chirimía Limones, con los sonidos del pueblo afro; llegaron delegaciones del pueblo Misak, personas de Bogotá, Tierra Adentro y otros territorios. Cada pueblo llegó con sus propias formas de hacer música y expresar la cultura. En medio de las diferencias, la Minga permitió encontrarse y reconocer que todos tienen algo para compartir desde sus territorios.
Este encuentro tambie se le hizo un homenaje, a dos jóvenes artistas: William Pazú y Dumar Mestizo, quienes fueron asesinados y dejaron una huella en los territorios desde su trabajo artístico y su cercanía con las juventudes.
Lo que queda después de la Minga
Durante estos tres días fueron registrados 79 grupos de música, danza y teatro. La participación mostró los dones y capacidades que existen en las comunidades y el interés de las semillas y las juventudes por hacer parte de estos procesos. El reto ahora es que lo vivido en Jambaló regrese a cada territorio. Que las flautas y los tambores sigan sonando en las comunidades, que los mayores continúen compartiendo sus conocimientos y que las semillas tengan espacios para aprender y caminar estos saberes.


La sexta Minga de Flautas y Tambores, Kwëeta Kuvx Tukasawe’sx, terminó en Jambaló el 3 de septiembre, pero el camino continúa. La música propia del pueblo Nasa sigue caminando con las comunidades del norte del Cauca. Camina en la palabra de los mayores, en las manos de las semillas, en las danzas y en cada territorio que mantiene vivos sus propios sonidos.
Porque la música autóctona y tradicional del pueblo Nasa no solamente se escucha: se vivencia, se aprende y se transmite de generación en generación.